MAISON VALETTE

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Philippe y Cécile Valette son figuras emblemáticas del Mâconnais. Mientras muchos de sus vecinos apostaban por los altos rendimientos y la mecanización, la pareja decidió, desde principios de los años 90, convertir sus 15 hectáreas al cultivo orgánico.

El padre de Philippe fue el primero en la región en dejar de vender sus uvas a la cooperativa local. Aquella decisión representó ya una ruptura importante con la manera de trabajar de tres generaciones anteriores. En 1990, tras terminar sus estudios, Philippe tomó una nueva decisión radical dentro del domaine familiar: convertir la totalidad de los viñedos a agricultura orgánica.

La carrera de Philippe como viticultor comenzó así marcada por un enorme desafío: alejarse de una cultura vitícola regional y familiar donde los insumos químicos formaban parte de la normalidad. A este reto le siguieron años de prueba y error, investigación e intuición.

Poco a poco, logró acostumbrar sus parcelas de Chardonnay a la ausencia total de tratamientos químicos, utilizando la diversidad y la microbiología presentes en los suelos y en el entorno para crear vinos dinámicos, vivos y con la máxima expresión del terroir. Deja crecer una vegetación densa entre una de cada dos hileras de viña, protegiendo así los microorganismos que habitan las capas superiores del suelo.

Y mientras algunos buscaban vendimiar cada vez más temprano para obtener mayor cantidad de jugo, ellos privilegiaron la calidad de la uva y la búsqueda de maduraciones óptimas. Aquí, la tradición perdura y el Chardonnay adquiere la pureza de un diamante. Philippe representa la tercera generación de la familia Valette trabajando estas tierras y fue él quien introdujo los principios de la biodinámica en 1992.

Hoy, Valette es reconocido y respetado como uno de los pioneros de la vinificación natural, especialmente en el Mâconnais, en Borgoña. Philippe suele decir: “Mis vinos se hacen en el viñedo. Tenemos viñas viejas, con rendimientos naturalmente bajos; no usamos herbicidas ni levaduras comerciales. Cosechamos tarde, por lo que nunca chaptalizamos ni acidificamos”. La fruta se cosecha manualmente y el equilibrio natural entre suelo y viña es siempre la prioridad.

La gran mayoría de los viticultores de la región opta por crianzas cortas en tanque para reducir tiempos y costos, pero Phillipe y Cecile continúan criando sus vinos en barrica durante un mínimo de dos años. En bodega, el prensado se realiza de manera extremadamente lenta. Los mostos pueden macerar durante periodos relativamente largos antes de trasegarse directamente a barricas ligeramente tostadas para su crianza. Dependiendo de la añada, algunas cuvées envejecen entre seis meses y hasta cinco años sobre sus propias lías en barricas viejas. Los vinos no se clarifican y solo se filtran de manera muy ligera.

Los Valette no hacen nada como los demás, y es precisamente eso lo que hace únicos a sus vinos. Los resultados hablan por sí mismos: vinos conocidos por su concentración, generosidad, mineralidad y, en ocasiones, por un carácter oxidativo tan sorprendente como fascinante. Sus vinos de los “Clos”, por ejemplo, solo dejan la cava despues de largos años de crianza, son simplemente inmensos.

Conocido por ser un auténtico mago del Chardonnay, Phillipe decidió que era interesante ensamblar ciertos millésimes. Todo depende de cada barrica, del estado de evolución del vino, de su potencial en un momento determinado y de la magia de las asociaciones. Solo queda aplaudir la idea, porque el resultado es impresionante en equilibrio y precisión.

Gracias a Philippe y Cécile Valette, el Mâconnais puede reivindicar orgullosamente un lugar dentro de la élite borgoñona. Puros, profundos, complejos, precisos, tensos y dotados de una longitud impresionante.

Great wine is made in the vineyards, period
— Pilippe Valette