ORIOL ARTIGAS

 

A pocos kilómetros del Mediterráneo y de Barcelona se encuentran las viñas de Oriol Artigas y su casa familiar, uno de los pocos viñateros en la región de Alella.

El camino de Oriol no fue romántico, sino accidental: se formó como químico y, tras algunos años trabajando y aprendiendo en distintas bodegas catalanas, una cosecha cambió su rumbo. Fue entonces cuando tuvo claro que quería independizarse e instalarse en su región.

Desde 2011, su proyecto se centra en una idea precisa: rescatar y dar voz a los viejos viñedos costeros de Alella. La búsqueda de sus raíces se traduce en vinos con identidad, capaces de reinterpretar los paisajes que han formado parte de su vida. Posee un profundo conocimiento de algunas de las parcelas más antiguas e interesantes de la zona, de las cuales nacen sus etiquetas más emblemáticas.

Hoy cultiva alrededor 12 hectáreas entre el mar y la montaña, muchas de ellas de cepas viejas sobre suelos de granito (sauló): algunas en el límite noreste de la D.O., otras orientadas al mar, otras hacia la montaña, a lo largo del territorio.

Su enfoque es radicalmente respetuoso y centrado en el terroir: agricultura orgánica con prácticas biodinámicas, trabajo guiado por el calendario lunar, mínima poda, vegetación libre entre filas y vendimias manuales. Más que intervenir, deja que el viñedo se exprese en su estado más libre posible.

En bodega, la coherencia es total: fermentaciones espontáneas con levaduras indígenas, sin clarificar ni filtrar, sin estabilizar, y uso de acero, ánfora y barrica neutra.

Sus vinos son únicos, marcados por el Mediterráneo y la garriga, con mucha tensión pese a su ligereza. No buscan potencia ni perfección, sino transparencia y frescura. Vinos que saben a su entorno: parcelas específicas y uvas autóctonas en su forma más honesta. Una fórmula que nos enamora.